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lunes, 29 de octubre de 2007

La SoCiEdAd AcTuAl FrEnTe A La DiScAPaCiDaD


¿Quién no ha tenido o tiene un problema de columna, artritis, úlcera gástrica, várices, trastornos neurológicos, estados de angustia o depresión? ¿Cuántas veces no hemos dejado de trabajar por una neumonía, un ataque de asma, hemorroides? Un buen estado de salud es algo muy difícil de encontrar y sin embargo no nos consideramos discapacitados porque, a pesar de "esa enfermedad", tenemos que cumplir con nuestras obligaciones laborales. Del mismo modo, podríamos aplicar ese concepto a los discapacitados y proponerles modalidades terapéuticas que favorezcan su inserción productiva en la sociedad, procurando potenciar sus capacidades conservadas, ayudándolos a alcanzar el equilibrio y armonía en su estructura psicofísica. Nuestra energía esencial es la misma para todos, todos pasamos por experiencias similares, sufrimos por las mismas cosas, gozamos y somos felices cuando algo bueno nos sucede. Los que estamos dedicados a auxiliar a nuestros semejantes, aprendemos el significado de términos como amor, compasión, servicio, cuando observamos el espíritu de cooperación que existe entre discapacitados de distintas áreas, en un centro asistencial: cada uno pone su parte sana al servicio de otros, y del intercambio sale la posibilidad de realizar alguna tarea imposible, aunque sólo sea lavarse la cara cuando no disponemos de manos activas.
La discapacitación masiva producida por diferentes factores, nos obliga a introducirnos en el área de la rehabilitación como medio de devolver a la vida útil, a tantos seres que a pesar de sus limitaciones, necesitan expresarse en su amor a la vida. Países avanzados o que viven permanentemente las angustias de la guerra, la delincuencia, la droga, ven decrecer el potencial activo y productivo de sus miembros, como consecuencia de accidentes, atentados, luchas, inseguridad en el trabajo, etc. Esta historia es visible, fácilmente detectable y publicada estadísticamente, para control de las compañías de seguros, seguros de guerra y otros seguros que procuran aliviar con algún dinero, la catástrofe personal y familiar de la víctima.
En nuestro país, asistimos a la observación de una presencia cada vez mayor de personas discapacitadas en la calle, lo cual obliga a las autoridades a proveer comodidades en el transporte público, rampas y accesos adecuados a sillas de ruedas, a formar profesionales capacitados en tratamientos de rehabilitaciones, a modificar instalaciones de los centros asistenciales con el mismo objetivo. Por otro lado, los mismos discapacitados sienten la necesidad de agruparse para poder encarar más eficazmente su reincorporación a la sociedad.Lo dicho hasta ahora es historia conocida, pero necesaria para introducir alguna variante positiva en el tema de la rehabilitación. Un discapacitado requiere mayor atención por parte de familiares y amigos, que deben suplir su déficit. Con el tiempo, la urgencia en el trabajo, el propio conflicto de los allegados, el desinterés ante las limitadas posibilidades del paciente, hace que la ayuda disminuya, hasta que llega un momento en el cual decimos: "ocúpate de tus problemas". Si el paciente tiene una actitud positiva frente a su incapacidad, ésta no constituirá una traba en su evolución, e incluso a menudo será un incentivo para aspirar a mayores logros.Pero ¿qué pasa cuando la familia se borra, los amigos desaparecen, no se consigue trabajo, la rehabilitación se estanca, y todo el panorama se ve turbio? El discapacitado enfrenta la realidad y responsabilidad de su futuro: o lo asume y trabaja para sí, o se confina en su limitación, ya sea resignado o desesperado de acuerdo a su personalidad.